Pero llegó lo que nunca desean los jugadores de futbol, una lesión, no recuerdo el partido que fue, iba yo solo corriendo nadie me tocó, el tobillo se dobló y ya no pude seguir , por mas que me llevaron a una curandera que había en Hijar no tuvo solución, estaba en la mili y me recogió un amigo que tenia en Albalate que también estaba en la mili conmigo, al cuartel y de allí al Hospital Militar , aun me acuerdo de la lesión que me diagnosticaron, desviación de la articulación de la tibia y el peroné astragalina, 40 días escayola y encerrado, mas luego la recuperación.
Fueron días tristes para mi no poder jugar y ya vería a ver si podía volver a jugar sin miedo.
Los partidos del Hijar los iba supliendo con unas cartas que me mandaba todos los lunes Jesús “ El Cestero” donde me narraba lo que había pasado en el partido.
Tengo que decir que mientras estuve en el hospital recibí muchas visitas de directivos y jugadores del Hijar.
Cuando acabé mi “condena” empecé con la recuperación tenia ganas de volver a jugar, y cuando llegó el día lo hice con ganas volvía a jugar y vinieron aun muchos años para mi preciosos en el futbol.

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