LA MATACÍA
El cerdo, así como conejos y gallinas, era el sustento de casi todas las casas del pueblo, por eso todos tenían corrales y criaban en la medida de sus posibilidades o de la gente que hubiera esa casa un cerdo o dos, conejos y gallinas para comer su carne y sus abundantes huevos.
Recuerdo que los tocinos pequeños los traía el señor Germán, un hombre que creo que venía de Castellón y pregonaban que mañana llegaría el señor Germán con los tocinos a la plaza. Las mujeres se arremolinaban a primera hora, incluso antes de que llegara y guardando cola. Así iban eligiendo el que les parecía mejor. Éste llevaba una chambra o tocinera negra e iba repartiendo y cobrando así como iba el turno. No recuerdo cuánto costarían.
Durante todo el año, y al menos un día sin otro, se cocía para el tocino lo que hubiera en casa: patata, manzanas, lo que sobraba de las verduras… y por las mañanas se madrugaba y se ponía el caldero. Recuerdo bajar más de un día y almorzar con las cosas que había dentro del caldero: alguna patatica con sal o alguna manzana. ¡Qué buenas que sabían!
El día de la matacía era un gran día de fiesta para los chicos. Hasta recuerdo perderme algún día de la escuela para poder matarlo. Nos ponían con uno mayor para tenerle la cola, y nos decían: ¡Tu agárralo bien fuerte para que no se escape! Nadie sabe la fuerza que yo podía hacer para que el tocino no escapara. Mientras el matachín degollaba el tocino mi madre aparaba la sangre en un barreño removiendo y quitándole las venas (es lo que decían que eran las venas), para luego hacer las ricas bolas y morcillas. Todo esto ante mi atenta mirada y el tocino chillando. Con todo eso no me he traumatizado, era normal ver esto y saber que teníamos carne fresca para varios días en casa.
Toño


y ciertos animalistas poniendo el grito en el cielo... mientras se van matando los propios piojos
ResponderEliminarLos piojos son transversales
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