jueves, 28 de marzo de 2024

Una Familia de Urrea en Semana Santa, Los Sancho

Los Sancho de Urrea de Gaén, la sólida unión tejida a base de horas de tambor y calle

LA FAMILIA DEL TAMBOR. Los hermanos Sancho Tena inculcaron a sus descendientes el valor de la unión familiar, algo que los 19 primos tratan de cumplir «a rajatabla» entre ellos y sus hijos

Una parte de la, todavía más grande, familia Sancho posa para la foto con la tía Rosario bien arropada. Luce el sol en ‘villa Sancho’ la mañana del sábado 16 de marzo a horas del inicio de las Jornadas de la Ruta en Urrea de Gaén. Su pueblo está de gala y siempre se puede contar con ellos. Están siempre unidos como aprendieron de los mayores. / B. Severino

«Siempre y juntos». Así tocaban el tambor los hermanos José, Jesús y Manolo Sancho. Y así lo siguen haciendo sus hijos, -que son 19 primos en total-, sus nietos y así esperan en casa que lo hagan los bisnietos, la cuarta generación ya en camino. «Cuando tienes hijos les calzas la túnica y un tambor o un bombo y no hay más, ya luego que elijan», dicen. Es sábado 16 de marzo, un día grande en Urrea de Gaén. Luce el sol en una adelantada primavera y en la calle se oyen ensayos de tambores a lo lejos y el trasiego de personal a mediodía es interesante.

Todo son prisas para ultimar las Jornadas de Convivencia de la Ruta del Tambor y Bombo que esa tarde empiezanLos Sancho se han vuelto a reunir en el pueblo. Siempre están para todo, tanto si es un evento importante como cualquier día o fin de semana. Urrea siempre es el centro. «En Semana Santa siempre nos juntamos en Urrea pero nos vemos igual el resto de meses. A final de año siempre hacemos una comida todos y fácilmente podemos ser más de cuarenta», calculan. Esa mañana, entre preparativos de las jornadas se guardaron un rato para tomarse la fotografía en la que aparecen juntos en uno de los rincones de villa Sancho, el espacio en el que coinciden cuatro casas de la familia porque cada uno tiene la suya. Aunque están unos cuantos entre primos, cónyuges e hijos, todavía faltan.

«Nuestros padres nos inculcaron siempre la unión y lo hicieron con hechos, y seguimos juntos», comentan. Hacen referencia a la fotografía en blanco y negro en la que aparecen algunos de los actuales pero en 1993. Se deduce que los mayores son Jesús, Manolo y José, los que posan con el pecho bien abierto lleno de orgullo. Tomaron esa imagen antes de romper la Hora en Jueves Santo con Jesús «ya muy enfermo». De hecho, falleció ese mismo verano. «Ya cuando enfermó ya procurábamos ponernos la familia junta en las procesiones», añaden. Ahora es la tía Rosario la que posa orgullosa en la foto y bien amarrada a las manos de los suyos que la arropan desde su silla. La movilidad es la que es con más de 90 años.

Fueron ocho hermanos los Sancho Tena. A Rosario, Jesús, Manolo y José, hay que sumar a María, Emilia, Carmelo -que falleció muy joven- y Leonor. Entre todos construyeron una estructura tan sólida que no solo no se ha roto, sino que acoge y atrapa a quien llega nuevo. A la familia se han ido sumando nuevos miembros de Galicia, Huesca, Cataluña, Navarra o Tosos. Incluso de Brasil. «Y algunos lo viven tanto que parece que son de aquí», ríen. La Semana Santa, como dicen ellos mismos, «son las vacaciones menos vacaciones». Todo sucede en horas que son tan intensas que cuesta días recuperarse. «Si esto no te gusta lo pasas mal, para eso es mejor no estar y no pasa nada. En esta casa, desde luego, lo damos todo», apuntan.

La foto que atesoran y repasan siempre que lo necesitan data de 1993 y fue la última Semana Santa con los hermanos José, Manolo y Jesús juntos. Ese año falleció Jesús. / Archivo familiar


Ya lo hacían José, Manolo y Jesús, que no se quitaban el tambor de encima. Especialmente José, que siguió saliendo a las procesiones hasta el final, cuando ya tenía los ochenta y muchos años. «Era incansable, falleció un diciembre y esa Semana Santa también había salido. Todos recordamos a nuestros padres con los tambores y yo al mío hasta el final, era de los más veteranos que salían. El de más edad te diría yo. Iba siempre con su amigo Sobradiel», recuerda Aurora.

Parte de la gente que se mueve por Urrea en esa mañana de sábado de jornadas de la Ruta acude al vermú. Parte de los primos se suman tras la foto, alguno con la túnica aún puesta. Eso llama la atención de Manuel Martín, vecino y amigo de la familia que se para a saludar y aporta su propio recuerdo. «Veía a los dos juntos con su tambor en la procesión y siempre pensaba que yo quería ser como ellos, llegar a esa edad y seguir con mi tambor yendo a las procesiones», sonríe. «¿Ves? Es que no pasaban desapercibidos», apunta Aurora. Todo ese ritual de cada año lo hacían además con una ilusión intacta. «Se iban a buscar por casa como si fueran críos y se marchaban todo contentos los dos juntos», sonríe.

La generación de sus hijos cogieron el testigo. José María y Manolo; Aurora; Luis Manuel, Ignacio, Diego, Mario, Daniel y María Pilar; Manoli y Carmela; Francisco José ; María Jesús, Emilio, Rosa y Sonia; e Inmaculada, María José y Lidia son los 19 primos que mantienen la tradición entre ellos, además de con sus parejas y descendencia. Cada uno con sus tambores, aunque algunos de los que llevaron los mayores siguen saliendo. «De pequeños sí se van pasando y las túnicas también, luego ya no. En casa tenemos de todos los tamaños… y, por cierto, si alguien tiene un par pequeños que no son suyos, son míos; los presté y no han vuelto», ríe Inma.

En esta gran familia reinan el tambor y el bombo, aunque también hay alabarderos. Esa mañana acude uno de ellos con la vestimenta porque al mismo tiempo de la foto tiene un ensayo en la iglesia al que va a tratar de llegar a tiempo. El acto de la tarde salió más que perfecto y los Alabarderos vivieron su gran momento al recoger el premio Tambor Noble que concede la Ruta del Tambor y Bombo. Todo Aragón fue testigo a través de la televisión en directo. «No todo el mundo entiende qué es esto. Yo, mira que tengo años, y de una vez para otra lo tengo que explicar. Me dicen que vea las procesiones en la tele pero es que esto no tiene nada que ver», señala Marisa, viuda de Manolo y quien sabe lo que es tener a un alabardero en casa con uno de sus hijos. «Aquí no venimos a mirar procesiones, aquí venimos a participar en ellas, a estar juntos, a sentir y tocar el tambor… La Semana Santa aquí es tener la casa llena de gente y echar en falta en las procesiones al que el año anterior iba tocando y ese año no va», añade en villa Sancho, donde ya se ven esas señales.

Ya están los coches de los que han llegado, y las bicicletas de los más pequeños que no paran de correr de un lado a otro jugando entre ellos. Tienen todo el resto del año para reunirse porque en estos días fijar hora para comer o cenar no es factible ya solo por logística. «Cada uno tenemos nuestra casa en la que llevamos nuestra organización, y basta con salir a la calle o ir al bar para juntarnos, no nos hace falta quedar», apunta Inma.

Señalan sin dudar Sábado Santo como su día especial. Es un día de puro tambor y bombo compartiendo calles y marchas con las cuadrillas. «Es como una Nochevieja en la que te despides hasta la próxima en el cese de los toques», argumentan. También destacan la tarde de Jueves Santo y la misa en la que la guardia romana hace su entrada solemne en la iglesia. «Todo el mundo que ya está en el pueblo acude a la plaza para ver llegar a los alabarderos y para vivir el primer reencuentro de estos días. Ahí todo vuelve a empezar».

PERIODICO : La Comarca

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