Siete horas atrapado en una acequia: El susto de un vecino que tropezó cuando caminaba en busca de gasolina entre Albalate y Alcañiz
El alcañizano pasó toda la madrugada inmovilizado en una acequia entre Albalate del Arzobispo e Híjar después de caer accidentalmente mientras intentaba llegar caminando a una gasolinera. Un vecino que realizaba su paseo matutino escuchó sus gritos y consiguió rescatarlo
Lo que comenzó como un contratiempo por quedarse sin gasolina estuvo a punto de convertirse en una tragedia. José Manuel Castro, vecino de Alcañiz, vivió una larga noche de angustia este pasado viernes tras permanecer cerca de siete horas atrapado en una acequia entre Albalate del Arzobispo e Híjar, sin posibilidad de salir y sin poder pedir ayuda después de perder su teléfono móvil en el agua.
Los hechos ocurrieron durante la madrugada del pasado viernes. José Manuel salió de su domicilio sobre las doce de la noche para incorporarse a su puesto de trabajo, donde debía comenzar su jornada a la 1.00 de la madrugada. Sin embargo, durante el trayecto se dio cuenta de que el combustible de su vehículo no sería suficiente para llegar hasta Híjar.
"Vi que no llegaba. Me quedaban apenas dos o tres kilómetros de autonomía, así que decidí apartar el coche en la carretera vieja y continuar andando hasta Híjar para buscar ayuda", explica.
Del contratiempo al susto
Conocedor de un camino que había recorrido en numerosas ocasiones, optó por atravesar varios campos para acortar la distancia y ahorrar tiempo, ya que había avisado a su responsable en Llombart, el horno donde trabaja, que llegaría tarde a causa del contratiempo. No obstante, la oscuridad le jugó una mala pasada.
Mientras caminaba iluminándose únicamente con la linterna del teléfono móvil, cayó inesperadamente a una acequia de grandes dimensiones. Durante el descenso perdió el móvil, que acabó en el agua, quedando completamente incomunicado. "No pensé que la acequia estuviera ahí. Cuando caí, el móvil también cayó al agua y me quedé sin ninguna forma de avisar", relata el alcañizano.
La situación se complicó aún más al comprobar que las paredes de la acequia, de varios metros de altura y cubiertas de barro, le impedían salir por sus propios medios.
Una noche de miedo dentro del agua
José Manuel permaneció atrapado desde aproximadamente la una hasta las ocho de la mañana, con el agua a la cintura y soportando el frío y la incertidumbre. "Me resbalaba continuamente cuando intentaba subir. No podía salir", asegura.
Durante toda la noche escuchó ruidos procedentes de los alrededores, probablemente de animales, mientras esperaba que alguien pasara por la zona. "Cada vez que oía pasos o algún ruido gritaba, aunque muchas veces no sabía si era una persona o un animal".
El lugar donde cayó no era desconocido para él. De hecho, asegura que siempre había escuchado hablar de la peligrosidad de esa acequia: "Hace unos años fallecieron allí dos mujeres de Albalate y ha habido más accidentes. Es una acequia muy peligrosa porque tiene zonas muy profundas y paredes muy altas".
Precisamente ese conocimiento de la zona hizo que evitara desplazarse por el interior del cauce durante la noche por miedo a encontrar pozos o zonas aún más peligrosas. La precaución de José Manuel evitó que la situación escalara a mayores.
El paseo diario que acabó en rescate tras siete horas
La espera terminó cuando, ya con las primeras luces del día, un vecino de Urrea de Gaén que realiza habitualmente el recorrido andando entre su localidad e Híjar escuchó sus gritos. El hombre le lanzó una cuerda, única forma de superar el desnivel de la acequia, y consiguió ayudarle a salir. "Aún me costó un poco subir, pero gracias a la cuerda pude salir"
Tras el rescate, ambos se desplazaron hasta Albalate para conseguir combustible. Después regresó a su domicilio y pudo avisar a su empresa, donde llevaban horas intentando localizarlo sin éxito. "Tenía muchas llamadas perdidas porque en el trabajo estaban preocupados y no sabían qué me había pasado", explica tras el accidente. A pesar del susto y de las largas horas atrapado en el agua, José Manuel asegura encontrarse bien. Al día siguiente volvió a incorporarse con normalidad a su puesto de trabajo.
Más allá del desenlace positivo, José Manuel considera que su experiencia debe servir para recordar el riesgo que suponen determinadas infraestructuras hidráulicas, especialmente durante la noche y en zonas poco transitadas. "Si no llega a pasar ese señor por allí, no sé cuánto tiempo habría estado esperando", reconoce. Una historia con final feliz que, según reconoce el propio protagonista, pudo terminar de una forma muy distinta.
PERIODICO : La Comarca































