70 años de la gran helada que marcó un antes y un después: destruyó todo el olivar y adelantó el gran éxodo migratorio
Las temperaturas siberianas durante un mes que llegaron hasta los -17 grados terminaron con el que era el principal sustento de muchas familias ocasionando el episodio más traumático después de la Guerra Civil
'España, bajo la ola de frío más rigurosa del siglo'. Así titulaba el extinto periódico Hoja del Lunes a la gran helada de principios de febrero de 1956 que hace 70 años marcó el devenir de varias comarcas bajoaragonesas al destruir todo el olivar, el principal sustento de las familias; y ocasionó un gran éxodo migratorio hacia las grandes ciudades. Comenzó el día de la Candelera y siguió durante todo el mes afectando principalmente al Matarraña y al Bajo Aragón pero también a comarcas vecinas como Andorra-Sierra de Arcos y el Bajo Martín.
Con termómetros por debajo de los 17 grados y máximas que se quedaron bajo cero, la gran helada fue el episodio más traumático después de la Guerra Civil, un hito que fue un antes y un después para la historia local adelantando en las zonas afectadas el éxodo que iba a producir años después del campo a la ciudad durante el "desarrollismo". «Fue demasiado para un cultivo mediterráneo como el olivar, que se malogró para siempre. En el Matarraña el principal apoyo de la economía del pueblo desapareció de golpe. La consecuencia más penosa fue una oleada de emigración que redujo la población un 16% entre 1950 y 1960», explica el periodista y escritor valderrobrense Lluís Rajadell en el libro ‘1956, l’any de la gelada’, publicado en 2007 por Repavalde y reeditado en 2019 por Comuniter. La afección en el Matarraña es la más documentada y conocida gracias a la laboriosa investigación de Rajadell, que en su libro relata los efectos de aquella invasión de aire siberiano con el testimonio de las personas que la sufrieron.
Con el principal sustento de las familias malogrado para siempre, muchas optaron por marcharse a las grandes ciudades y la agricultura tradicional experimentó un cambio con la caída abrupta de la superficie de olivar y la sustitución por la viña y los almendros. Volver a plantar olivos significaba esperar 15 años hasta que estuvieran en plena producción en un momento en el que no había otra alternativa porque el sector primario no estaba tan diversificado como ahora ni la ganadería era como la conocemos en la actualidad.
"Ante las circunstancias generadas, y aunque el tiempo jugaba en contra, muchos decidieron continuar en el campo y volver a empezar. Pero también, debido a la falta de trabajo, especialmente para jornaleros y pequeños agricultores, un importante número de familias bajoaragonesas optaron por trasladarse a las grandes ciudades, iniciando un éxodo en busca de oportunidades. Una de las consecuencias fue la progresiva despoblación de muchas localidades afectadas por las heladas y un paulatino abandono del medio rural", explica el Agente de Protección de la Naturaleza Fernando Zorrilla en un artículo de opinión publicado en La COMARCA.
A día de hoy la gran helada de 1956 sigue considerándose como la más importante del siglo XX en el arco mediterráneo con tres olas de frío siberiano consecutivas del 2 al 28 de febrero. «Un periodo tan continuado con temperaturas tan extremas y tan bajas fue lo que produjo en muchos casos la muerte de muchas oliveras. Una helada excepcional no tiene por qué suponer un problema, estos árboles están habituados a tolerarlo, pero no por un tiempo tan prolongado», detalla el APN.
La ola de frío afectó a buena parte del país, que se quedó sin una de sus principales fuentes de riqueza, la exportación del aceite. Sin embargo, la reacción de régimen franquista fue emprender la gran modernización de su economía, el «desarrollismo», que aceleró la emigración rural hacia las ciudades y remató el trabajo despoblador que había empezado el hielo. Según consta en el libro de Rajadell, en el mismo 1956 los sindicatos franquistas aprobaron un plan para cambiar la variedad empeltre por otra más resistente que a su vez formó parte al año siguiente de otro proyecto más amplio que llevó por nombre ‘Plan Teruel’. Ninguno se llegó a poner en marcha.
La helada no fue el único suceso de aquellos años, en 1957 tuvo lugar la «gran riada» del río Matarraña que estuvo a punto de sobrepasar el puente de piedra.
PERIODICO : La Comarca


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