LOS HORNOS DE PAN
Existían dos hornos en Urrea, el horno Pequeño de siempre que siempre lo tuvieron e tío Plácido y la tía Joaquina hasta que se jubilaron (luego lo cogieron unos años Carmelo y María) y el Horno Grande en el que, después de marcharse a otro horno de Albalate los padres de Maruja (la mujer de Jesús el Estanquero), pasaron varios panaderos en pocos años: Los Churres, José María Meseguer y Pilar, José María Guiral y Teodora.
No sé por qué razón nosotros siempre íbamos al horno Pequeño. A mí siempre me mandaban a por el pan. Creo que serían los días que no teníamos escuela y vacaciones. Ibas y pedías dos barras. Me acuerdo que la tía Joaquina me decía: ¡Toma cocidicas que a vosotros os gustan así! Entonces te lo apuntaba en una libreta, la llamábamos la libreta del pan. Cuando iba a buscar el pan siempre me decían: ¡Has cogido la libreta del pan!, y después debían de pasar cuentas. Creo que en un principio se les llevaba sacos de harina y por cada saco te correspondían tantos panes, no estoy seguro. Era muy agradable entrar los fríos días de invierno y recibir aquel calorcillo y aquel olor a pan y pastas. De vez en cuando comíamos alguna harinosa.
Otras veces, casi siempre por fiestas, o por algún evento (comuniones, etc), mi madre iba al horno y allí hacían pastas. Recuerdo muy bien unos empiñonados que hacía que no eran como los de ahora, aquellos llevaban nueces y coco y resultaban más blandos. Hace mucho que no los he probado de esta manera. También hacía mantecados y magdalenas y, aprovechando que estaba allí, me traía un gallo o un torico con masa remasada, aunque sé que para las chicas les hacían un moncha que hacían nuestras delicias: ahora me como la cabeza, ahora las patas, ahora la cola, hasta que no quedaba nada. En Semana Santa hacía tortas, roscas y roscones.



Ahora la panadería es una residencia sin terminar como cambian las calles de Urrea al paso de los años
ResponderEliminarQué bonitos y entrañables recuerdos, Toño. Los mismos que hemos vivido todos los niños de Urrea por aquellos años. Aquel sabroso olor de pan recién horneado, y las pastas variadas que se hacían, las mujeres amasando.... Pero tú lo tuviste más fácil eso de ir al mismo horno siempre. Mis hermanos Jesús y José María se encapricharon de una hija de cada uno de los hornos y a mí me tocaba ir cada semana a uno de ellos para que mi familia fuera fiel con los noviazgos. RAMON
ResponderEliminarEl pan del horno de arriba siempre era mejor
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