viernes, 30 de julio de 2021

Anécdotas


UN BUEN TIRO


Muchos cazadores cuando se hacían mayores y sus piernas no aguantaban las largas caminatas que había que hacer detrás de las liebres, conejos o perdices, se hacían cazadores de perdices con jaula y reclamo. Era ir a un sitio donde hubiera perdices y esperar a que cantara la perdiz de la jaula y esperar sentado (siempre escondido en una caseta o cuquera para que no te vieran las perdices al venir) y así no se cansaban. Solían ir con caballerías o andando cerca del pueblo.

Este era el caso del tío Tomasico “el Antón”. Él mismo me contaba que un día se fue a cazar a la Hoya del Moro, llevaba su perdiz y su escopeta  y él montado en su macho. 



En vez de ir por el camino que se va ahora a la Hoya del Moro, antes  se subía por las cuestas del pilón de San Ramón. Por allí subía y, cuando estaba llegando al final de la cuesta, se le presenta en lo alto de un montículo un perdigacho que debía andar detrás de alguna perdiz. Como no se marchaba dijo, este me lo cargo. Sacó la escopeta que llevaba envuelta en un saco, la cargó y solo se ocurrió meter el caño por entre medio de las orejas de la caballería para poder apuntar al perdigacho. Apuntó... y tiró. Fue tal estruendo el que oyó el macho, que se levantó de las patas delanteras tirando al suelo al tío Antón y escapó a las cuatro uñas hasta llegar a Urrea. Allí se quedó en el suelo el tío Antón y su escopeta y lo malo, me decía, ¡es que el perdigacho se me escapó!.




Otra de las veces que salió  a cazar lo hizo a Val de Urrea me decía: No más hice sentarme y enseguida vino una perdiz, le tiro y la mato; no quise salir a cogerla por si había otra cerca y acudía. Cuando estaba esperando, va y viene un esparvero, se tira allí, coge la perdiz, se me la llevó val abajo y me quede  sin ella .

Después de un rato de espera apareció otra perdiz, le tiro y ya no me fié. Voy a buscarla y en vez de haber matado la del monte , había matado la de la jaula. ¡Meca! ¡Qué desgracia! Pero por lo menos hoy tendré perdiz para comer!



Yo conocí al tío Antón ya muy mayor, la verdad es que no tenía muy buena vista, no me extraña que le pasaran cosas como ésta.

Toño

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